Vuelve la afición a la repiona

Desde hace semanas recorre Extremadura para realizar exhibiciones y concursos en los que participan cientos de niños.

El campeón mundial Miguel Ángel Chávez ha puesto de moda el juego de la peonza.

La repiona ha regresado con fuerza a Badajoz. Tras muchos años casi ausente, los patios de colegio de la ciudad se han llenado durante las últimas semanas de un nuevo modelo de trompo -así lo llaman ahora- que está causando furor. Pero la nueva peonza no es ya de madera, sino que está fabricado en un material plástico que parece más resistente a los golpes.

El renacimiento de esta afición casi perdida tiene mucho que ver con Miguel Ángel Chávez Cinencio, un mexicano de 45 años que durante los últimos días no para de recorrer los principales parques de la ciudad para organizar concursos en los que se pone a prueba la habilidad de los niños.

Nacido en México D.F., este malabarista del trompo comenzó a practicar este juego cuando aún era un niño. Pero fue mucho después, con 20 años cumplidos, cuando empezó a dedicar tres horas diarias a entrenar. «Comencé a competir localmente en México y gané varios torneos básicos. A partir de ese momento empecé a tomar más calidad y destreza».

Su popularidad creció y un buen día puso sus ojos en él la empresa Trompos Cometa, que lo fichó para que compitiera con su equipo en los campeonatos que se celebraban en Costa Rica, Colombia, Nicaragua, El Salvador y otros países de Hispanoamérica.

Cuenta Miguel Ángel Chávez que eso le ha permitido viajar por toda América y también volar a Europa, donde tiene el encargo de recuperar un juego tradicional que en países como México sigue teniendo mucha aceptación. «La primera vez que estuve en España fuimos a un parque, pero estaba vacío. Alrededor había muchos edificios, pero no se veía ningún niño. Todo cambió cuando comenzamos a realizar las exhibiciones», cuenta.

En Badajoz también es frecuente escuchar a padres que bendicen el repión porque ha conseguido apartar de las videoconsolas y las tabletas a niños que llevaban años sin querer salir al parque. «Hace unos días me ha ocurrido con un chico que permanecía apartado. Le pregunté que por qué no se acercaba y me dijo que ninguno de los participantes era amigo suyo. Yo le dije que no importaba y cuando los demás vieron cómo tiraba el trompo, no paraban de preguntarle. A partir de ese día, tiene nuevos amigos».

Tres minutos sin caer

Miguel Ángel Chávez es consciente del poder de atracción del trompo, un sencillo juguete al que se le ha incorporado una punta giratoria para prolongar la duración del giro. «El normal aguanta unos 40 o 50 segundos, pero el que tiene doble rodamiento puede estar girando hasta tres minutos sin caer».

Eso permite realizar multitud de números que llevan nombres tan curiosos como 'el puente', 'el carrusel', 'el teleférico' o 'la serpiente'. «Para mí es sencillo este trabajo, básicamente consiste en pensar como un niño y divertirte con lo que haces. Me permite volver a ser niño otra vez».

Antes de viajar a España, este mexicano ha visitado países tan distintos como Hungría, Alemania e Inglaterra. Allí ha necesitado traductor, pero en su gira española se desenvuelve con soltura, lo mismo que le ocurre a Juan Espino, el otro mexicano especialista en trompos que lo acompaña en las exhibiciones que realizan estos días en Badajoz, Mérida, Cáceres, Don Benito y Villanueva de la Serena.

Feliz con lo que hace, Miguel Ángel Chávez tiene claro que cada uno debe hacer lo que mejor se le da. Y si en un principio pensó dedicar su vida a la arquitectura -dejó la carrera a medias porque la peonza le exigió dedicación plena-, ahora tiene claro que es el trompo lo que le permite vivir, conocer países y recuperar este juego tradicional. «A los niños les encanta lo que yo hago, pero en cada exhibición tengo que dejar que el trompo caiga al suelo alguna vez, porque si no piensan que puede estar trucado. Deben darse cuenta de que todos podemos fallar».

Estos últimos días, Chávez ha organizado exhibiciones en Las Vaguadas, Pardaleras, San Fernando y en la plaza de Conquistadores, pero todavía tiene pendientes varios campeonatos en los que repetirá sus mejores números antes de abandonar Extremadura.

Fuente de la noticia: HOY

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Los coches y las aceras preocupan en el entorno del colegio de Las Vaguadas

Quienes viven en la zona consideran que debe reforzarse la seguridad y los padres de los escolares apoyan la idea, aunque consideran que es una cuestión vecinal.

A mayor seguridad, más tranquilidad para los vecinos y para los padres de los niños del colegio de Las Vaguadas. Eso es lo que piensan quienes viven cerca de este centro, que reclaman más protección en el entorno de esta institución educativa.

Uno de los principales problemas que registra la zona es la gran cantidad de coches que pasan por la avenida Parque de las Cañadas y la velocidad a la que circulan. Esta carretera, que conecta La Banasta con Las Vaguadas, se ha convertido en una vía muy transitada para llegar desde el centro de Badajoz a este barrio situado en la periferia. Por este camino se acorta el trayecto y se llega antes. El inconveniente, señalan los vecinos, es que la mayoría de los vehículos que la usan lo hacen a más velocidad de la permitida.

Fuente de la noticia: HOY

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Ocho barrios denuncian que sufren balsas de agua repetidamente

El comienzo de la temporada de lluvias provoca las primeras inundaciones y las quejas de los vecinos que las sufren cada año.

El lunes pasado llovió en Badajoz. Cayeron 15,2 litros por metro cuadrado en cuatro horas y los bomberos tuvieron que rescatar tres vehículos que se habían quedado atrapados en una balsa de agua en la Urbanización Guadiana. También hubo inundaciones en Suerte de Saavedra, Sinforiano Madroñero, la Circunvalación o Ciudad Jardín. Es una escena que se repite en la capital pacense cuando hay precipitaciones, especialmente al inicio de la temporada.

Las balsas de agua afectan a vías de toda la ciudad, aunque hay ocho barrios donde el problema se repite habitualmente y cuyos vecinos están cansados de ver sus calles convertidas en piscinas. Las zonas más afectadas son, además de la Urbanización Guadiana, Suerte de Saavedra, Valdepasillas, Ciudad Jardín, San Roque, El Progreso, el Cerro de Reyes y Las Vaguadas.

La peor época

Hoy y mañana la Agencia Estatal de Meteorología prevé nuevas lluvias y en muchas de estas zonas pueden repetirse los problemas. Las balsas son más comunes en otoño porque las hojas de los árboles que caen en muchos casos tapan los sumideros. Sin embargo muchos vecinos aseguran que el problema también se da cuando no hay vegetación y creen que la red de aguas no está preparada para asumir las precipitaciones fuertes.

En el casco urbano hay 500 kilómetros de tuberías. Aqualia, con camiones especiales, realiza limpiezas de forma periódica, pero los atascos continúan. En esos casos la única solución es que acudan los bomberos con una bomba para achicar agua de la balsa, como ocurrió este puente en la Urbanización Guadiana.

Bien lo sabe el presidente de la Asociación de Vecinos de este barrio, Joaquín León, que explica que la avenida Federico Mayor Zaragoza, la que une el polígono El Nevero con el Puente Real, es el punto más problemático.

También destaca que suele haber problemas de tráfico porque se inunda la rotonda de acceso entre el puente y la avenida de Elvas. «Cuando se atascan los sumideros, cae agua y se producen las balsas», añade León.

También conoce bien el problema Matilde Pineda, vecina de Suerte de Saavedra. «Yo he sacado el coche por la calle y el agua saltaba como olas, casi más altas que el propio coche. Pensé que se quedaba parado». Habla de una de las inundaciones que sufrió la avenida Antonio Hernández Gil, una vía principal en su barrio.

José Miguel Morales vive en La Banasta y, a diario, para ir a su trabajo, debe atravesar la rotonda de la carretera de Valverde. «Hay días que es una verdadera piscina. Siempre se forman charcos, pero he visto atascos de coches enormes porque no se podía usar uno de los carriles», se lamenta este vecino. En Padre Tacoronte y la Carretera de Campomayor también temen a las balsas. En este caso el mayor problema es que hay mucho tráfico y la avenida que conecta Las 800, El progreso o El Gurugú se colapsa.

Las inundaciones también son muy habituales en San Roque, especialmente en la Ronda Norte y en la calle Santo Cristo de La Paz, el tramo de la carretera de Sevilla entre la carretera de Madrid y el Puente de San Roque. Pilar Marín vive cerca. «A veces se ve el camión limpiando los imbornales, pero no hay año que no se formen balsas o charcos enormes. Tenemos que dar toda la vuelta porque el agua se sube a la acera y no se puede ni caminar». Este problema también se ha repetido en varias ocasiones en la avenida María Auxiliadora, donde las inundaciones también han llegado a afectar a las aceras.

Cerca de allí está otro de los barrios donde más veces acuden los bomberos por balsas de agua que dificultan el tráfico. Se trata de Valdepasillas. Los problemas suelen producirse en las rotondas de la avenida Sinforiano Madroñero. «No hace falta que llueva mucho. Si aquí caen cuatro gotas y ya tenemos que ir andando», bromea José Pablo Bueno, vecino de la zona.

En el Cerro de Reyes los mayores problemas se dan en la avenida Pablo Neruda y en Ciudad Jardín en varias calles que están en cuesta.

Zonas afectadas

Urbanización Guadiana: son habituales las balsas de agua en la avenida Federico Mayor Zaragoza y en la rotonda que une esta calle con el Puente Real.

Suerte de Saavedra: la avenida Antonio Hernández Gil suele inundarse cuando llueve.

San Roque: tiene varias zonas sensibles a las balsas de agua. La avenida Manuel Rojas Torres y Santo Cristo de la Paz entre otras.

Las Vaguadas: la rotonda de acceso a la carretera de Valverde sufre balsas. También el camino a la Banasta.

Cerro de Reyes: son habituales en la avenida Pablo Neruda.

Valdepasillas: las rotondas de Sinforiano Madroñero suelen inundarse y también tramos de José María Alcaraz y Alenda.

Ciudad Jardín: las balsas son habituales en la calle La Violeta.

El Progreso: en la carretera de Campomayor y en la plaza.

Otras vías: también es habitual en la Circunvalación Reina Sofía o en la carretera de Sevilla.

Fuente de la noticia: HOY

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Una operación contra el vertido ilegal de ripios en Badajoz se salda con 13 imputados de 10 empresas

Los detenidos son transportistas y empleados de las plantas de Gévora, Olivenza y de la carretera de Sevilla. Se enfrentan a penas de cárcel por delitos contra el medio ambiente, falsedad documental y estafa.

Entre los imputados hay constructores, transportistas que vertían los ripios en lugares no autorizados y trabajadores de plantas de acopio o de reciclaje que emitían certificados de haber recepcionado los escombros sin que esto hubiese ocurrido. La operación Alaspico contra el vertido ilegal de ripios en el entorno de la ciudad, que han llevado a cabo conjuntamente la Policía Local de Badajoz con el Seprona de la Guardia Civil, se ha saldado con 13 imputados, pertenecientes a 10 empresas. Para informar de esta actuación, que se inició en julio del 2014 y se ha prolongado durante 9 meses en Badajoz y localidades cercanas, comparecieron ayer el primer teniente de alcalde, Germán López Iglesias, y los responsables del Seprona y de la policía local.

Mediante el control de vehículos se comprobó el vertido incontrolado de residuos de la construcción en seis lugares no autorizados. En concreto, en El Pico, la isla de Los Monos, las graveras del Guadiana cerca de Sagrajas, en la carretera de Olivenza y en las cercanías de la carretera de Valverde. Según fuentes consultadas, se han acumulado cientos de miles de toneladas en estos lugares. El modo de proceder era el siguiente: un constructor con licencia de obra para derribar contrataba a una empresa para llevar los escombros a una planta temporal de acopio o a una de reciclaje autorizadas, pero el transportista, en lugar de trasladarlos a las plantas, lo que supone un coste, los repartía por el entorno de Badajoz y acudía posteriormente a una planta para recoger el certificado en contubernio con algún trabajador.

LOS AFECTADOS

Están imputados empleados de la planta de acopio de Gévora, de la de tratamiento de Olivenza y una móvil que funciona en la carretera de Sevilla, en la barriada de Tulio. No se ha determinado si actuaban con el consentimiento de los responsables de las empresas. Ayer, el teniente del Seprona, Ramón García, recalcó que no se puede "criminalizar" al sector.

De la policía local han participado 7 agentes del Servicio de Información Local y Cometidos Especiales (Silyce), que han controlado 14 vehículos y hecho 5.490 fotografías. Su intervención para el trabajo de campo se prolongó los tres primeros meses y luego ha actuado el Seprona.

Según explicó el superintendente, Rubén Muñoz, debido a las características de esta actuación, las imágenes se tomaron "a una gran distancia" al observar que quienes cometían estos delitos adoptaban importantes medidas de seguridad. Primero realizaban varias visitas con un turismo por la zona para asegurarse de que no había testigos y cuando comprobaban que no había nadie, comenzaba a llegar "un regero de camiones" que realizaban los vertidos.

Para cerrar la investigación hubo que seguir a los vehículos, comprobar de qué obras partían y si les habían presentado el certificado de la gestión que no se estaba haciendo. El Seprona se ha centrado en la instrucción de las diligencias para intentar demostrar en contacto con la Fiscalía de Medio Ambiente la concurrencia de tres delitos: el medioambiental (hasta 2 años de prisión) por daños y alteración del hábitat sobre todo en la cuenca del Guadiana; falsedad documental (hasta 3 años) por expedir documentos que certifican lo que no se ha hecho y, por último, estafa (hasta tres años), pues el promotor de la obra contrataba a un gestor de residuos y le pagaba. Todo está remitido a la autoridad judicial.

Fuente de la noticia: El Periódico de Extremadura 

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